Los cantantes blah blah

A una compañera eslovaca, llamada Anabela.

Los cantantes blah blah pueblan las ciudades. Son una suerte de conversadores aficionados que intentan quedar bien en todas las ocasiones, pero raramente lo consiguen. Eligen un tema, lo desarrollan, y adoptan una pose. Cuando van al baño, suelen cantar canciones antíguas, folclóricas o no, y se suelen reir al recordarlo.
Los cantantes blah blah no ofrecen demasiada confianza. Son estrictos y rigurosos, porfiados y malandrines, y quieren que su canción permanezca en los corazones, a diferencia del deseo de Antonio Machado en Cantares.
Los cantantes blah blah son gente que se olvida con facilidad pues su discurso inocuo, hueco y mal trabado aburre al más pintado y no añade ninguna hipótesis de trabajo interesante que nos suscite alegría, o aliente nuestra ya de por sí, diezmada alma.
Los cantantes blah blah se despiden en las estaciones con una mueca que finge una sonrisa, y en su gesto hay toda una labor patética y, al mismo tiempo, estoica, por no permitir que su contradicción permanente fallezca, y dejar de estar sembrados, al más puro estilo de los malos cómicos.



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