¿Por qué Jürgen hablaba sobre ella y quizás amaba todavía a Frau Hintermayer?

Era inexplicable.
Los amigos de Jürgen no lo comprendían.
Frau Hintermayer había aparecido en su vida,
como aparecen los cataclismos, y había arramblado con todo.
Sin embargo, Jürgen todavía hablaba sobre ella,
y quizás amaba todavía a Frau Hintermayer.
Era tal vez un proceso iniciado en la remota infancia,
con esos devenires de la madre de nuestro protagonista,
donde él solicitaba afecto y ella apenas se lo daba,
en dosis escasas y austeras de amor enladrillado
y por fascículos.
El afecto tenía que ver con la admiración sobre un dibujo,
o lo bien que memorizaba la lista de banderas de la enciclopedia.
El afecto era una nube de humo, y un cuarto de estudio desordenado
lleno de libros y de tardes interminables
donde el trabajo era lo único que importaba.
Claramente, Jürgen amaba a Frau Hintermayer
porque reproducía las relaciones amor-odio con su madre,
y tenía todavía abiertas sus heridas narcisistas.

Pero a estas alturas de la historia, Jürgen debería reflexionar,
decía un amigo suyo llamado Hans,
compañero de todas las cosas que le gustaban.
Una mujer que es un huracán
puede traer claridad a una vida,
simplicidad hecha virtud,
desmembramiento
de otro cataclismo, de otra catástrofe
que era hecha franquicia.

En cierta forma, le decía Hans,
deberías estarle agradecido,
te ha ayudado a ordenar tu vida,
aunque no tu cuenta corriente.

Es por hecho, que Jürgen también reía,
pero le hacía un severo reproche a Frau Hintermayer:

Ella había construído todo un mundo de orden y lujo,
mientras que con su aparición
había contribuído a situaciones de desventaja
en casa ajena.

Philippe, otro amigo de Jürgen, decía
que quizás amaba todavía a Frau Brigitte
porque la amaba por venganza.
¿Por venganza?
Sí, por venganza. Pero éste entonces no era un amor positivo,
un amor que edifica,
un amor que nos hace libres.

No, no lo era. Al igual que tampoco lo era el vínculo materno.

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