Maestros que nos redimirán

Maestros que nos redimirán
, maestros positivos que hacen escuela,
que unifican la patria
con el azucarado verbo que empalaga.

Maestros que corrigen
graves errores
contra la tradición,
siendo ellos los primeros
y oscuros subversivos
malhechores
capaces de reprimir
el rugir de animales
hipotéticamente feroces.

Maestros que
le sacan brillo a los blasones,
de los escudos heráldicos,
con los que las gentes grises
que pueblan ciudades de provincia,
reciben a las visitas
en sus salones.

Maestros que nos redimirán,
y vertebrarán
supuestos contraataques,
en pos de una religión
que ni siquiera
ellos mismos defienden totalmente,
siguiendo el libretto de lugares catedralicios,
con perfume a incienso y al cotidiano cirio.

Hermanos cofrades,
que se emborrachan en jueves santo,
tras los mantones del cristo de los gitanos,
y dicen defender a la patria,
de invasores y extraños.

¿Qué mayor afrenta
a nuestra tierra que la que representa
un señorito simpático
con aires de alcalde,
maestro redentor,
y hermano mayor
de la cofradía del santo relicario?

Bodegas sobran, en la ciudad.
El vino gotea sobre la barra enmohecida,
por noctámbulos que deciden volver
a su lecho o a tomar el rumbo al siguiente bar.

No hay redención posible, hermanos,
que no nos cuenten
el cuento de nunca acabar.
Nuestra fuerza es el motor
para todo cambiar.
Olvidaros de los falsos profetas, que os quieren
en sus tarteras llevar
para merendaros lentamente,
digerir y después cagar.

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