Muchos confunden orgullo y declaración de principios,
muchos confunden orgullo y dignidad.
Cuando vemos desfiles del día de Orgullo LGTBI, deberíamos plantearnos
por qué es necesaria esta reafirmación, esta autoafirmación.
La historia nos habla de persecuciones, de ostracismo, de marginación.
En la época de la dictadura franquista se les encarcelaba,
en la Rusia soviética se les condenaba y en la Cuba socialista se les condena
al más absoluto de los rechazos.
En la milenaria China casi-capitalista, y en el mundo árabe
no tienen lugar para expresar sus emociones y sentimientos,
su sexualidad no tiene la aprobación social.
Es por ésto, y por otras muchas cosas,
que en su sed de desinhibición,
y de libertad,
desde el concepto sano que ella conlleva,
sin dañar al otro,
sin prejuicio del vecino,
salen a las calles
y sus gritos
son una muestra de tanta rabia
contenida durante décadas.
La religión católica y la musulmana han dado su opinión tajante al respecto.
Sin embargo, muchos sacerdotes abusan de niños manteniendo con ellos
relaciones homosexuales.
Habría que plantearse si realmente lo que necesitan los sacerdotes
es el sodomítico que hubo que practicarle en su momento a los hijos de Israel,
según el deuteronomio.
Cualquier manifestación de orgullo, proviene de
una situación de agravio, de humillación,
se origina en colectivos reprimidos
por la moral dominante.
Entonces está mal llamar orgullo,
pues podríamos renombrarlo como dignidad,
autoafirmación,
reafirmación,
confirmación.
muchos confunden orgullo y dignidad.
Cuando vemos desfiles del día de Orgullo LGTBI, deberíamos plantearnos
por qué es necesaria esta reafirmación, esta autoafirmación.
La historia nos habla de persecuciones, de ostracismo, de marginación.
En la época de la dictadura franquista se les encarcelaba,
en la Rusia soviética se les condenaba y en la Cuba socialista se les condena
al más absoluto de los rechazos.
En la milenaria China casi-capitalista, y en el mundo árabe
no tienen lugar para expresar sus emociones y sentimientos,
su sexualidad no tiene la aprobación social.
Es por ésto, y por otras muchas cosas,
que en su sed de desinhibición,
y de libertad,
desde el concepto sano que ella conlleva,
sin dañar al otro,
sin prejuicio del vecino,
salen a las calles
y sus gritos
son una muestra de tanta rabia
contenida durante décadas.
La religión católica y la musulmana han dado su opinión tajante al respecto.
Sin embargo, muchos sacerdotes abusan de niños manteniendo con ellos
relaciones homosexuales.
Habría que plantearse si realmente lo que necesitan los sacerdotes
es el sodomítico que hubo que practicarle en su momento a los hijos de Israel,
según el deuteronomio.
Cualquier manifestación de orgullo, proviene de
una situación de agravio, de humillación,
se origina en colectivos reprimidos
por la moral dominante.
Entonces está mal llamar orgullo,
pues podríamos renombrarlo como dignidad,
autoafirmación,
reafirmación,
confirmación.
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