Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit.
Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro.
Plauto, escritor y comediógrafo Romano
Todo es mentira en este mundo.
Me lo dicen los bailes de máscaras
que se celebran
en las noches veraniegas,
donde todos interpretan
el papel de gente amabilísima,
y a cada cual se le asigna un rol
en el juego.
Saber jugar conlleva
colocarse correctamente el antifaz,
sonreir cuando es debido,
esbozar un perdón para evitar una conversación
inapropiada,
decir adiós y quizás nos veamos
en otra ocasión como ésta.
Porque en el fondo,
en esta batalla de ventajistas,
prestamistas,
rentistas que buscan un trozo
de territorio,
todos quieren algo.
Parece obvio,
pero es una conclusión
a la que llegamos no sin complicación,
no sin dificultad,
como una luz que se originara
tras un lento deambular por un oscuro túnel.
Cuando el hombre se quita la máscara,
se aprecia al lobo,
pero no al lobo bondadoso de Goytisolo,
ni al del pájaro de fuego en la tradición rusa,
se aprecia al depredador hambriento
de devorar un alma,
para a partir de su consumo,
sentir una satisfacción inmediata,
típico procedimiento de nuestra época,
de recompensas instantáneas.
Frente a ésto, ¿qué podemos hacer?
Construir un mundo más sano,
donde la verdad y la soledad
sean el mejor regalo con el que obsequiarnos.
Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro.
Plauto, escritor y comediógrafo Romano
Todo es mentira en este mundo.
Me lo dicen los bailes de máscaras
que se celebran
en las noches veraniegas,
donde todos interpretan
el papel de gente amabilísima,
y a cada cual se le asigna un rol
en el juego.
Saber jugar conlleva
colocarse correctamente el antifaz,
sonreir cuando es debido,
esbozar un perdón para evitar una conversación
inapropiada,
decir adiós y quizás nos veamos
en otra ocasión como ésta.
Porque en el fondo,
en esta batalla de ventajistas,
prestamistas,
rentistas que buscan un trozo
de territorio,
todos quieren algo.
Parece obvio,
pero es una conclusión
a la que llegamos no sin complicación,
no sin dificultad,
como una luz que se originara
tras un lento deambular por un oscuro túnel.
Cuando el hombre se quita la máscara,
se aprecia al lobo,
pero no al lobo bondadoso de Goytisolo,
ni al del pájaro de fuego en la tradición rusa,
se aprecia al depredador hambriento
de devorar un alma,
para a partir de su consumo,
sentir una satisfacción inmediata,
típico procedimiento de nuestra época,
de recompensas instantáneas.
Frente a ésto, ¿qué podemos hacer?
Construir un mundo más sano,
donde la verdad y la soledad
sean el mejor regalo con el que obsequiarnos.
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