El tiempo que no es
El semáforo en rojo
La frase no procede
Como tampoco es pertinente el verso
La palabra acogió el dardo
envenenado
Pero tanta dulzura
No podía ser olvidada completamente
Hay veces que creemos
que gustamos a los demás
y, es posible,
que a los demás simplemente
les guste, gustar.
Por eso se muestran abiertos y confiados
cuando los miramos
y reciben nuestros ojos hambrientos
de mortal amor necesario.
En el poema improcedente,
hay una urgencia
de comunicar contigo.
De resumir una soledad
al margen
de una ciudad, un escritorio,
o un bar a medianoche.
De sintetizar
el tiempo en que no estás.
Ese tiempo que sabemos
que nunca volverá
pues habrá relojes
que inicien
una nueva cronología.
De entregarme,
sin prisa
y sin desgana
a cultivar esos ojos tuyos
por los que he navegado tantas
veces con la imaginación.
Mas este poema,
tampoco ha de ser bien recibido.
Porque es el poema improcedente,
ese que habla de un no-tiempo,
un tiempo que no existe
más allá de las palabras.
El semáforo en rojo
La frase no procede
Como tampoco es pertinente el verso
La palabra acogió el dardo
envenenado
Pero tanta dulzura
No podía ser olvidada completamente
Hay veces que creemos
que gustamos a los demás
y, es posible,
que a los demás simplemente
les guste, gustar.
Por eso se muestran abiertos y confiados
cuando los miramos
y reciben nuestros ojos hambrientos
de mortal amor necesario.
En el poema improcedente,
hay una urgencia
de comunicar contigo.
De resumir una soledad
al margen
de una ciudad, un escritorio,
o un bar a medianoche.
De sintetizar
el tiempo en que no estás.
Ese tiempo que sabemos
que nunca volverá
pues habrá relojes
que inicien
una nueva cronología.
De entregarme,
sin prisa
y sin desgana
a cultivar esos ojos tuyos
por los que he navegado tantas
veces con la imaginación.
Mas este poema,
tampoco ha de ser bien recibido.
Porque es el poema improcedente,
ese que habla de un no-tiempo,
un tiempo que no existe
más allá de las palabras.
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