Bernardette sigue siendo presumida y coqueta,
se maquilla mucho y luce un sombrero ruso llamado ushanka
de tonalidades ocres
reservado para la ocasión.
Al abrir su caja de cigarrillos, dobla minuciosamente
la punta de los mismos y los enciende con desgana,
para, acto seguido,
agarrar el gin tonic,
hacer una visual de 260º
detectando hombres y mujeres atractivos,
y mojarse brevemente
los labios,
con un movimiento
que glosa la construcción
de un mecanismo aprendido y bien estudiado.
Se presenta a la cita
con montones de dudas,
elige el lugar en una plaza
con forma circular donde abundan
las terrazas
y comienza su discurso:
Ha sido actriz de vodevil,
chica del telecupón,
modelo de lencería,
y a sus cuarenta y cuatro años y un día,
ha conocido
a directivos de telecinco,
al gran Jose Luis Moreno,
a Ana Obregón,
y a Carmen Sevilla.
En la actualidad es organizadora de eventos,
de los que no deja claro
de qué tipo son.
se maquilla mucho y luce un sombrero ruso llamado ushanka
de tonalidades ocres
reservado para la ocasión.
Al abrir su caja de cigarrillos, dobla minuciosamente
la punta de los mismos y los enciende con desgana,
para, acto seguido,
agarrar el gin tonic,
hacer una visual de 260º
detectando hombres y mujeres atractivos,
y mojarse brevemente
los labios,
con un movimiento
que glosa la construcción
de un mecanismo aprendido y bien estudiado.
Se presenta a la cita
con montones de dudas,
elige el lugar en una plaza
con forma circular donde abundan
las terrazas
y comienza su discurso:
Ha sido actriz de vodevil,
chica del telecupón,
modelo de lencería,
y a sus cuarenta y cuatro años y un día,
ha conocido
a directivos de telecinco,
al gran Jose Luis Moreno,
a Ana Obregón,
y a Carmen Sevilla.
En la actualidad es organizadora de eventos,
de los que no deja claro
de qué tipo son.
Si orgias colectivas,
reuniones de alta alcurnia,
o vodeviles rancios con canciones de eurovisión.
Hace toda una disquisición metafísica
sobre el tamaño, la delgadez,
la compostura de los cuerpos.
Habla de la inmediatez
de las relaciones humanas,
de la sociedad canibal,
habla del hombre depredador
que ve a la mujer como presa,
habla de la soledad
de una antígua starlet,
que dice ser bella, que dice ser escultural,
que dice ser atractiva.
El asunto de la superficialidad imperante
sale a relucir,
pero ella sale por la tangente,
bebiendo sorbos pequeños
de su gin tonic,
mientras despliega
toda una ristra
de pensamientos profundísimos
de amplia lógica madrileña.
Alaska, icono de la movida,
no podría faltar.
Después de esta revisión
de lugares comunes,
artículos improvisados
de revistas del corazón,
y filosofía barata
de la sociedad de costumbres
maloliente y aplastada por el peso de nuestra
fatídica historia,
me planto. Le pido al camarero la cuenta,
le pago el gin tonic y me voy en el 53 rumbo al centro,
donde la noche todavía es lo suficiente comprensiva
como para acogerme
como a un habitante más.
Hace toda una disquisición metafísica
sobre el tamaño, la delgadez,
la compostura de los cuerpos.
Habla de la inmediatez
de las relaciones humanas,
de la sociedad canibal,
habla del hombre depredador
que ve a la mujer como presa,
habla de la soledad
de una antígua starlet,
que dice ser bella, que dice ser escultural,
que dice ser atractiva.
El asunto de la superficialidad imperante
sale a relucir,
pero ella sale por la tangente,
bebiendo sorbos pequeños
de su gin tonic,
mientras despliega
toda una ristra
de pensamientos profundísimos
de amplia lógica madrileña.
Alaska, icono de la movida,
no podría faltar.
Después de esta revisión
de lugares comunes,
artículos improvisados
de revistas del corazón,
y filosofía barata
de la sociedad de costumbres
maloliente y aplastada por el peso de nuestra
fatídica historia,
me planto. Le pido al camarero la cuenta,
le pago el gin tonic y me voy en el 53 rumbo al centro,
donde la noche todavía es lo suficiente comprensiva
como para acogerme
como a un habitante más.
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