Regresaré a la casa
, la casa de mi padre
(...)
Labordeta
Una historia ya terminada
que no aporta demasiado.
Uno vuelve a ella
y quisiera hacerlo desde la abundancia,
no desde la carencia.
El mecanismo de repetición
al que aludía Freud.
Pero en este retrato triste de sábado,
la calle es gris,
y me siento solo.
No ya tanto como un animal abandonado
a su suerte,
sino como un hombre que ha recibido demasiado castigo.
Quisiera buscar todos los rastros
que llevan a casa de mi padre,
pero soy huérfano de nacimiento
y mi padre es un número en el cementerio de Granada.
Entonces va a ser un poco difícil.
Vivía con mi familia.
Daría lo que está en mi mano por volver a vivir con mis hijos a diario.
Mi historia emocional y afectiva me llevó
por caminos complicados, tomé decisiones
que no llegaron a buen puerto.
Hoy vivo las consecuencias.
Pero poco importa ya el pasado,
pues hay que seguir caminando,
el sendero del caminante errático,
y equivocarme muchas veces
porque aquí reside la fuente del aprendizaje.
¿Qué puedo pedirte a estas alturas?
Creo que nada.
Lo dejaste claro tras un año y medio
de confusión, de idas y venidas,
con esa sutileza tuya.
No tenía por qué gustarme la respuesta.
Acto seguido, tomé rumbos que la noche
prohibía, jugando ésta el rol de super ego.
Y ya después de tanto tiempo,
de haberme eliminado totalmente de tu vida,
de haber protegido los puentes
bien construídos, siguiendo
los canónes que defiende esta cultura,
no eres más que una imagen que pasea
por mi recuerdo,
borrosa imagen,
altiva imagen.
Tu intento de arrojar justicia
sobre un asunto,
me perjudicó.
Pero creo haber aprendido
de qué trata este juego de la vida.
Y creo saber a quién deseo proteger y cuidar,
hasta que me falte al aliento
y por mis venas
ya no quede el rastro de una sangre que circula.
, la casa de mi padre
(...)
Labordeta
Una historia ya terminada
que no aporta demasiado.
Uno vuelve a ella
y quisiera hacerlo desde la abundancia,
no desde la carencia.
El mecanismo de repetición
al que aludía Freud.
Pero en este retrato triste de sábado,
la calle es gris,
y me siento solo.
No ya tanto como un animal abandonado
a su suerte,
sino como un hombre que ha recibido demasiado castigo.
Quisiera buscar todos los rastros
que llevan a casa de mi padre,
pero soy huérfano de nacimiento
y mi padre es un número en el cementerio de Granada.
Entonces va a ser un poco difícil.
Vivía con mi familia.
Daría lo que está en mi mano por volver a vivir con mis hijos a diario.
Mi historia emocional y afectiva me llevó
por caminos complicados, tomé decisiones
que no llegaron a buen puerto.
Hoy vivo las consecuencias.
Pero poco importa ya el pasado,
pues hay que seguir caminando,
el sendero del caminante errático,
y equivocarme muchas veces
porque aquí reside la fuente del aprendizaje.
¿Qué puedo pedirte a estas alturas?
Creo que nada.
Lo dejaste claro tras un año y medio
de confusión, de idas y venidas,
con esa sutileza tuya.
No tenía por qué gustarme la respuesta.
Acto seguido, tomé rumbos que la noche
prohibía, jugando ésta el rol de super ego.
Y ya después de tanto tiempo,
de haberme eliminado totalmente de tu vida,
de haber protegido los puentes
bien construídos, siguiendo
los canónes que defiende esta cultura,
no eres más que una imagen que pasea
por mi recuerdo,
borrosa imagen,
altiva imagen.
Tu intento de arrojar justicia
sobre un asunto,
me perjudicó.
Pero creo haber aprendido
de qué trata este juego de la vida.
Y creo saber a quién deseo proteger y cuidar,
hasta que me falte al aliento
y por mis venas
ya no quede el rastro de una sangre que circula.
Comentarios
Publicar un comentario