Para reflexionar con cordura

La falsicracia
nos propone
votar al menos malo.

Postergar la utopía
parece el plan acordado.

Que hay que pagar facturas,
que hay que adecuarse
a los tiempos,

Niño, escribe sobre el renglón,
y no saques los piés del tiesto.

Hay gente que escenifica una pose.
Son demócratas convencidos,
practican
el asociacionismo,
y su verborrea restalla.

Pero se adecuan al sistema existente,
no lo cuestionan,
aspiran a gobernarlo.

Porque dicen que así,
cambiarán las cosas.

En toda la madeja
bien trabada,
de una comunidad internacional
en la que prima,
el culto al dios dinero
como religión global,
se obvian los principios y los finales.

Los que vinieron de las calles,
agitando banderas
compran chalés
y se olvidan de las aceras.

Es difícil independizarse de la idea,
sacar los pies del tiesto.
Nada es imposible.
Otras formas de política,
se pueden llevar a cabo:
Democráticas, participativas,
buscando el bien común
y no la acumulación de bienes.

¿Para quién gobernar?
Gobernar para todos y todas,
pero pensando en los más desfavorecidos
como primera opción.
Que el estado sea el garante
de la buena vida sin olvidar
el deber más inmediato.

Y redistribuir.

No nos valen las migajas del sistema.

¿Dónde está el compromiso?
¿Dónde quedó tanta trinchera?
¿Dónde quedaron fusiles y bayonetas
con los que alzarse
en pos del viento
rumbo al palacio de Invierno y acabar con el Zar?

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