Cuando el Genil, en su ribera,
construye el discurso de la Primavera
las arenas lucen más puras,
y en las junqueras
el viento hace silbar
a las cañas,
dejando al agua del río
un papel secundario.
Es entonces y quizás sólo entonces
cuando el caminante aprecia lo pequeño
del fragmento de presente
ante sus pies.
Cuando el Manzanares, en su ribera,
construye el discurso del Otoño,
la sombra de un fratricidio frustrado
parece
ser muy alargada.
Hay cipreses y alguna encina
que dejan ver la ciudad allá a lo lejos.
Entonces este universo se hace muy grande
y uno se diluye como azucarillo
en el café caliente
de trenes rápidos
y puertas que se abren,
paraguas que aterrizan contra la lona
en el living.
Autobuses nocturnos cruzando
la Gran Vía,
Mujeres y Hombres que sonríen
en bares antíguos
y que buscan el calor
de una palabra tras un aguacero.
construye el discurso de la Primavera
las arenas lucen más puras,
y en las junqueras
el viento hace silbar
a las cañas,
dejando al agua del río
un papel secundario.
Es entonces y quizás sólo entonces
cuando el caminante aprecia lo pequeño
del fragmento de presente
ante sus pies.
Cuando el Manzanares, en su ribera,
construye el discurso del Otoño,
la sombra de un fratricidio frustrado
parece
ser muy alargada.
Hay cipreses y alguna encina
que dejan ver la ciudad allá a lo lejos.
Entonces este universo se hace muy grande
y uno se diluye como azucarillo
en el café caliente
de trenes rápidos
y puertas que se abren,
paraguas que aterrizan contra la lona
en el living.
Autobuses nocturnos cruzando
la Gran Vía,
Mujeres y Hombres que sonríen
en bares antíguos
y que buscan el calor
de una palabra tras un aguacero.
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