Gracias a la familia

Hay lecciones que la vida
nos ofrece de forma gratuita,
cuando uno se empeña,
desde la más temprana conciencia,
en desmentir
el común curso de los acontecimientos.
Es fácil caer,
es fácil sucumbir,
también es fácil adjudicarse
méritos ajenos,
así como, también lo es,
culpar a los demás
de historias propias.
Porque, en tal caso, la mente empieza a confabular
y construye delirios proyectivos que pueden
desembocar en paranoia.
Fabricar toda una teoría de la conspiración,
es claro síntoma,
de que la mente ha escapado
de un análisis concienzudo y racional.

Por no estar a día de hoy durmiendo en la calle,
por no haber conocido la privación y el infortunio extremo,
debo darle gracias a la familia,
porque siempre ha estado ahí,
a pesar de nuestros fuegos cruzados,
fuegos insolentes e impotentes,
antesala de múltiples decepciones mútuas,
rechazos, encontronazos múltiples.

De todas formas,
hay presencias que me molestan.
A todas ellas evito, con la mejor de las intenciones.
La de no dañar, de no seguir hiriéndonos.

La vida, y su forma de contaje,
el tiempo, nos transmiten una idea,
hay algo más preciso que el orgullo
y la negación de un acontecimiento:
Se llama agradecimiento.

Gracias a mis tíos, a mis tías, a mis primos y a mis primas y a todos
los que sin ser primos, ayudaron.
Un abrazo.




Comentarios