El poeta distraído que abraza tu sonrisa,
no ha hecho demasiados cálculos
para llevarlo a cabo.
Sin embargo,
ha recorrido un laberinto
de ensoñación y deseo,
del que debe salir para estar
completamente a salvo.
El poeta distraído que abraza tu sonrisa,
habla ahora en tercera persona del singular,
ejercicio para tomar conciencia y distancia,
para alejarse de una cotidiana
proximidad.
Cuando mezclo la narración del poeta distraído
con la mía propia,
y esa doble faceta de mí sale a relucir,
es porque somos la misma persona.
Aquella persona que te ofreció amor sin preguntas
ni respuestas
Allá donde los jardines
transmutan su nombre
En bancos donde las hojas
no son parte de una novela
Sino de una historia que rechaza
su eliminación
convirtiéndose en costumbre.
no ha hecho demasiados cálculos
para llevarlo a cabo.
Sin embargo,
ha recorrido un laberinto
de ensoñación y deseo,
del que debe salir para estar
completamente a salvo.
El poeta distraído que abraza tu sonrisa,
habla ahora en tercera persona del singular,
ejercicio para tomar conciencia y distancia,
para alejarse de una cotidiana
proximidad.
Cuando mezclo la narración del poeta distraído
con la mía propia,
y esa doble faceta de mí sale a relucir,
es porque somos la misma persona.
Aquella persona que te ofreció amor sin preguntas
ni respuestas
Allá donde los jardines
transmutan su nombre
En bancos donde las hojas
no son parte de una novela
Sino de una historia que rechaza
su eliminación
convirtiéndose en costumbre.
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