El hombre que supo callar.
Ese no fui yo
pero...
Se agolpaban en mi interior
mil preguntas
que necesitaban ser respondidas
con urgencia.
Mil palabras
que conocieron las trampas,
descendieron
al subsuelo
de alguna mentira,
realizaron un estudio
sociológico sin apenas rigor,
de una cultura burguesa enmohecida
por la costumbre, el tiempo.
Imágenes de Cáritas
y de las señoras del Domund
tras la misa parroquial.
El hombre que supo callar.
No fuí yo. Pero tampoco tú callaste.
Mientras el monarca rumiaba
heridas en su soledad,
se incendiaban campos ajenos,
y tú seguías sin saber nada...
El hombre que supo callar...
No fui yo.
Fabricaste una idea.
Mancillaste mi nombre
habiéndote acogido en mi casa
como si fueras de la familia.
Hay que agradecerte
que fueras catalizadora
de la finalización de un viaje
que quizás no terminaría
muy bien,
ni entre vivas ni hurras
como manda la tradición zarzuelera,
con el aplauso de las visitas.
Por las tendencias fugitivas
y escapistas del paciente
número 39456
y sus devaneos
en el mundo de los afectos,
su historia emocional y sentimental.
De todas formas,
si viene el día
en que nos volvamos a encontrar,
quitémonos la máscara
si es que acaso la teníamos
y dediquémonos
palabras amables,
como bálsamos
haciendo frente a la erosión y contra este paréntesis
abierto que dura años.
Ese no fui yo
pero...
Se agolpaban en mi interior
mil preguntas
que necesitaban ser respondidas
con urgencia.
Mil palabras
que conocieron las trampas,
descendieron
al subsuelo
de alguna mentira,
realizaron un estudio
sociológico sin apenas rigor,
de una cultura burguesa enmohecida
por la costumbre, el tiempo.
Imágenes de Cáritas
y de las señoras del Domund
tras la misa parroquial.
El hombre que supo callar.
No fuí yo. Pero tampoco tú callaste.
Mientras el monarca rumiaba
heridas en su soledad,
se incendiaban campos ajenos,
y tú seguías sin saber nada...
El hombre que supo callar...
No fui yo.
Fabricaste una idea.
Mancillaste mi nombre
habiéndote acogido en mi casa
como si fueras de la familia.
Hay que agradecerte
que fueras catalizadora
de la finalización de un viaje
que quizás no terminaría
muy bien,
ni entre vivas ni hurras
como manda la tradición zarzuelera,
con el aplauso de las visitas.
Por las tendencias fugitivas
y escapistas del paciente
número 39456
y sus devaneos
en el mundo de los afectos,
su historia emocional y sentimental.
De todas formas,
si viene el día
en que nos volvamos a encontrar,
quitémonos la máscara
si es que acaso la teníamos
y dediquémonos
palabras amables,
como bálsamos
haciendo frente a la erosión y contra este paréntesis
abierto que dura años.
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