Tot és lluny i prop,
i no s'acaba mai aquest viatge
per les paraules:
ja no tinc res més.
i no s'acaba mai aquest viatge
per les paraules:
ja no tinc res més.
Joan Vinyoli
Nunca fuí a Berlín,
siempre me quedé a las puertas,
divisando muros malheridos
por el tedio,
o por la monstruosidad de una civilización.
Nunca viajé a Berlín,
ni siquiera conozco sus bulliciosas calles,
no he caminado por sus plazas
ni me he sentado
a ver pasar el tiempo
en algún banco
mientras el tiempo pasa,
impertérrito,
siguiendo la secuencia que proponen
las manecillas del reloj
bajo la luz blanquecina
de las tardes de marzo.
Nunca invadí Berlín,
ni asalté el Reichstag,
ni combatí contra malhechores ficticios,
ni enarbolé banderas innecesarias.
Nunca estuve en Berlin
pero, sin embargo,
quedé atrapado por esta ciudad,
en un rincón de la memoria
que invoca la vivencia de la infancia.
Cuando Berlin me dijo adiós,
quedé desamparado, roto y destrozado,
como una ciudad tras una guerra,
desprovisto de toda cordura
y sentido de la mesura,
así como también
de sentido del ridículo y de la vergüenza
- ya que ésos los perdí hace tiempo.
Nunca fuí a Berlin,
pero no hizo falta conocer Alexanderplatz
o Friedrichstraße,
para
darme cuenta
de la gran enseñanza que
se resume en una ausencia.
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