El Sexo y la Pobreza

La prefiero compartida 
antes que vaciar mi vida, 
no es perfecta 
mas se acerca a lo que yo 
simplemente soñé...
Pablo Milanés 

Hay asuntos que no conviene tratar con ligereza pero esta historia que les contamos es una que podría suceder en cualquier ciudad moderna y lo haremos con estructura de métrica libre.

En el caso de Svetislav Pesic
se le multiplicaban los problemas.
Hasta entonces su vida
era plácida tranquila.
Tras muchos años de duro trabajo
y sacrificio había conseguido
finalmente un puesto de profesor asociado
en una Universidad.
Vivía cerca de sus padres,
se había casado con su pareja de años,
habían tenido una hija
que era el motor de su vida
y a la que había entregado su corazón,
desde el momento en que nació.

Años después,
tras llevar a su hija a la Escuela
por primera vez,
algo había cambiado
entre su compañera y él.
Ella se encontraba
distante, esquiva,
se la notaba preocupada y
poco solícita, tal vez
cavilaba silenciosamente algo,
sin una descripción demasiada exacta.
Quizás un hombre la cortejaba,
quizás ella tenía intención de abandonarlo,
quizás se agruparon las preguntas
como en una fila para entrar en un tranvía.

Ante esa incertidumbre,
se activaron las alarmas,
el puro instinto animal de conservación,
y de supervivencia construyó
un plan.

¿Quién no lo habría hecho
a sabiendas que su mundo estaba en peligro
y que la paz y la tranquilidad
de su bien más preciado
estaba bajo riesgo?

Su bien más preciado. Si no entiende
este concepto, es que entonces usted no es padre
o madre. A todos nos ha sucedido algo similar.
Querríamos defender
y defendernos. Porque al defender a nuestros hijos
e hijas, defendemos al niño o niña que éramos.
En un proceso de reminiscencia,
traemos el placer y el dolor,
y lo atacamos frontalmente
en la elucubración formada.
De ahí surgen muchos problemas.
La neurosis, la obsesión y otras cuestiones.

Por otro lado, quién sería ese hombre.
Quizás un absurdo abusador narcisista,
un jovenzuelo cruel y despiadado,
una suerte de niñato mal criado,
al que había que domesticar
y así lo hizo.

Para ello,
en su plan de emergencia,
hubo que utilizar la difamación,
la limpieza de la imagen
y de la reputación de la mujer que
era su compañera
con la contrapartida
de denigrar totalmente
al otro hombre.
En su relato,
toda una serie de prejuicios clasistas,
salieron a relucir,
sin el análisis sociológico
de la cuestión.

Contratacó sabiamente mezclando
grandes dosis de prudencia y crueldad,
y accedió finalmente,
accedió.

Un buen mozo de Fuenlabrada
fue el elegido.
Mediante un serio estudio,
se determinaron las características
óptimas para su elección.

Su hija estaría a salvo
frente a las tormentas
que propondría la vida.

Los demás. Tal vez no.






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