Manual de invierno

Cuando creas que lo has conocido todo,
que la vida no tiene nada que mostrarte,
estarás totalmente equivocado.
Porque el invierno entreabre su portón
y una brizna tenue de luz
nos invita a pasar
a un frondoso y gélido jardín
en cuyas glorietas y bulevares
crecen la hiedra y la escarcha.
En su interior
y no antes de llegar hasta él,
experimentarás la impresión
de no haber conocido
el desamparo ni el abandono
como entonces,
y la de ser un robinson urbano olvidado.
Mas no desesperes,
pues toda estación conlleva
una enseñanza
y los árboles desnudos
junto a la compañía de los lagos helados
te habrán ofrecido su manual,
sin darte demasiadas prescripciones.
La única instrucción es la de que lo leas, a trozos, de forma fragmentaria,
para que utilices,
lo que consideres oportuno
y enarboles banderas libertarias
para que los relojes retrasen sus manecillas,
para que la belleza acompañe los instantes,
sin caer en el placer hedonista.

Comentarios