Joseph es natural de Fuenlabrada y de origen ecuatoriano. A sus dieciseis años ya ha pensado muchas veces en dejar las matemáticas de primero bachillerato y cambiarlas por un curso de economía aplicada por correspondencia donde aprender a emprender y convertirse en millonario. Quiere votar a los partidos ultraliberales cuando cumpla los dieciocho porque dice que traerán prosperidad.
Mientras me comenta ésto, yo le pregunto que a qué sector de la sociedad cree que traerán prosperidad y si no piensa que votarles es pagar un precio muy alto pues nos traerán también xenofobia y racismo.
Estas preguntas lo dejan pensativo.
Wendolyn es natural de Fuenlabrada, de familia fuenlabreña de toda la vida. Trabaja como dependienta los fines de semana en una tienda de ropa, aunque dice no necesitarlo para sobrevivir. Tiene una enemistad larga con los números, que quizás esté arraigada en la primera infancia, en los métodos cuadriculados y poco eficaces de la educación tradicional tardofranquista.
Su forma de combatir es el odio. El odio a lo diferente, el odio a lo desconocido.
Presenta una sintomática ansiedad pero no quiere profundizar en sus pesares.
El nivel de la intervención ha terminado.
Ruth, como Joseph y Wendolyn, es también natural de Fuenlabrada. De origen peruano, le gustan el reggaeton y el boxeo. Lleva uñas largas postizas y mal pintadas. Utiliza pantalones estrechos y habla con orgullo de su padre taxista en huelga. Le gusta repetir la palabra peróxido pero a mí me aburre totalmente.
Todos vienen a la Academia después del Instituto intentando aclarar sus asuntos. Intentando orientarse hacia el último rayo de sol de un atardecer macilento, al sur de la civilización, donde construímos una trinchera contra el desaliento.
Mientras me comenta ésto, yo le pregunto que a qué sector de la sociedad cree que traerán prosperidad y si no piensa que votarles es pagar un precio muy alto pues nos traerán también xenofobia y racismo.
Estas preguntas lo dejan pensativo.
Wendolyn es natural de Fuenlabrada, de familia fuenlabreña de toda la vida. Trabaja como dependienta los fines de semana en una tienda de ropa, aunque dice no necesitarlo para sobrevivir. Tiene una enemistad larga con los números, que quizás esté arraigada en la primera infancia, en los métodos cuadriculados y poco eficaces de la educación tradicional tardofranquista.
Su forma de combatir es el odio. El odio a lo diferente, el odio a lo desconocido.
Presenta una sintomática ansiedad pero no quiere profundizar en sus pesares.
El nivel de la intervención ha terminado.
Ruth, como Joseph y Wendolyn, es también natural de Fuenlabrada. De origen peruano, le gustan el reggaeton y el boxeo. Lleva uñas largas postizas y mal pintadas. Utiliza pantalones estrechos y habla con orgullo de su padre taxista en huelga. Le gusta repetir la palabra peróxido pero a mí me aburre totalmente.
Todos vienen a la Academia después del Instituto intentando aclarar sus asuntos. Intentando orientarse hacia el último rayo de sol de un atardecer macilento, al sur de la civilización, donde construímos una trinchera contra el desaliento.
Comentarios
Publicar un comentario