Ha nevado desde entonces

Ha nevado desde entonces.
¿Recuerdas?
Venía el mes de Agosto y poníamos rumbo a Calahonda,
puerto de mar donde forasteros y autóctonos
convivíamos durante una temporada.
Aquellos recuerdos de juventud
quedan lejanos,
y lejanas las presencias
pero no está tan lejos lo que nos unía,
lo que todavía hoy nos sigue uniendo.
A cualquier ciudad le corresponde
una crónica secreta
cuando la oficialidad
tiene forma de gendarme
y los confesionarios
importan más que un catorce de abril.
Granada no era diferente en ésto.
Tanto tía Fátima como yo pertenecíamos
a ese submundo de ignorados y rechazados
por familia de ilustres y ricos hacendosos.
Compartíamos con distintos puntos de vista
la acción social y política
pero nos solidarizábamos
en el mútuo abrazo de los olvidados.
Lo que ocurre es que mientras yo
siempre viví en la ciudad paralela,
ella luchó por ser admitida en
esa selecta sociedad de costumbres,
sorbos severos de café y mesas camilla afines.

Hoy veo que ha nevado en Calahonda.
El lugar donde compartía con sus hijos
aventuras de verano,
a partir de las cuatro de la tarde
quedando como punto de partida
el porche de la casa que alquilaban
y nos perdíamos por calles, senderos,
y llanos de Carchuna,
rumbo sin saber dónde
a la nueva experiencia
que nos aguardaba.

Recuerdo las visitas a Madrid
y cómo ellos me atendían
con la mejor de las sonrisas,
pese a todos los problemas que tenían.
El bocadillo de calamares en Plaza Mayor no faltaba.
Ni tampoco los paseos por allí y por allá.
Los viajes desde Granada a Madrid parando en Puerto Lápice
para que mi tío Paco se tomara un coñac.

Y sí... teníamos discrepancias serias sobre la observación
de la vida
pero cuando me vine a Madrid
me ayudaron
y frente a ésto
hay que decir... Gracias.
Porque en la vida dos más dos son treinta y nueve
y ellos fueron resistentes ante una sociedad
que los reprobaba pero de la que eran correligionarios.

Que la tierra sea leve a mis tíos. Siempre en el recuerdo.



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