Amistad, militancia antígua.

Entiendo la amistad
como una militancia antígua,
que se renueva a cada tiempo,
y a la que se le saca brillo
hasta dejarla reluciente.

Pero no todos ni todas
comprenden este arte
de la misma manera.

Los hay a los que les es grato
certificar
cada equis tiempo
con un gesto, una palabra,
una llamada telefónica,
una carta escrita en un sobre
y echada al buzón.
Pero su palabra suena hueca
y nos deja vacíos.

Los hay a los que les cuesta
renovar el rito.
Porque, tal vez, sus vidas ocupadas
no les permitan,
o porque, tal vez, directamente no les de la real gana.
Todo muy respetable y au revoir Madame et Monsieur.

Los hay que prefieren la paz
de su isla, no ser molestados,
ni incordiados. Ellos decidirán el modo,
en la forma de conexión.
Puede en que llegue el día
en que su concepto de amistad
dé con ésta en el mismísimo traste.

Los hay como yo
que entienden
que en este viaje que es la vida
es mejor encarar el presente
embistiendo,
pues es la lucha del ahora
la constructora del futuro
y, si estamos en la misma onda,
lo disfrutaremos con el abrazo fraterno.

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