Como crónica de la mañana
por un camino en las afueras
de Madrid
me encuentro
una carta de la baraja francesa
tirada en el suelo
a la salida de un restaurante de pueblo.
¿Quién la portaría tras
múltiples partidas?
¿La llevaría escondida en la manga?
¿La habría sacado en el último segundo
para ganar la manga decisiva
y poder llegar a casa
sin tener que dar explicaciones
a la mujer resignada
por el hombre
cautivo por el juego,
y candidato a ludópata?
Porque en aquel lugar de las afueras,
la vida es un trasiego de autocares y camiones,
rotondas sucias
y coches que no respetan el más elemental
decoro
de dejar pasar a un peatón.
El Far-East se compone
de camareras pintadas
que sirven platos combinados grasientos
en mediodías grises
en paisajes macilentos
y un patriarcado grosero
fabricado por chóferes,
trabajadores de taller,
y empleados de empresa informática
que exhiben
el músculo menguado de
la hipocresía y la mediocridad patrias.
A estas alturas,
el malo no ha disparado su revolver
pues prefiere
jugar con los naipes marcados.
Una J de rombos en el suelo
con 4 aristas.
¿A quien habrá pertenecido?
por un camino en las afueras
de Madrid
me encuentro
una carta de la baraja francesa
tirada en el suelo
a la salida de un restaurante de pueblo.
¿Quién la portaría tras
múltiples partidas?
¿La llevaría escondida en la manga?
¿La habría sacado en el último segundo
para ganar la manga decisiva
y poder llegar a casa
sin tener que dar explicaciones
a la mujer resignada
por el hombre
cautivo por el juego,
y candidato a ludópata?
Porque en aquel lugar de las afueras,
la vida es un trasiego de autocares y camiones,
rotondas sucias
y coches que no respetan el más elemental
decoro
de dejar pasar a un peatón.
El Far-East se compone
de camareras pintadas
que sirven platos combinados grasientos
en mediodías grises
en paisajes macilentos
y un patriarcado grosero
fabricado por chóferes,
trabajadores de taller,
y empleados de empresa informática
que exhiben
el músculo menguado de
la hipocresía y la mediocridad patrias.
A estas alturas,
el malo no ha disparado su revolver
pues prefiere
jugar con los naipes marcados.
Una J de rombos en el suelo
con 4 aristas.
¿A quien habrá pertenecido?
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