No soy el único que llora en las tardes de domingo
cuando Babel despierta
de su letargo
y el verano se resiste
a desaparecer
como factor no sólo climático.
Aquella señora que escribe con prisa
en el locutorio,
está haciendo lo mismo.
Cuando la lluvia nos alcanza
después viene una calma tranquila,
y el sosiego
nos hace reposar
tras los cristales
de autobuses
o bajo el paraguas
de algún desconocido.
Morir para el que ya murió muchas veces,
no es un mérito.
Reir para el que lloró muchas veces,
es un acto heroico
sin aplauso ni medalla.
cuando Babel despierta
de su letargo
y el verano se resiste
a desaparecer
como factor no sólo climático.
Aquella señora que escribe con prisa
en el locutorio,
está haciendo lo mismo.
Cuando la lluvia nos alcanza
después viene una calma tranquila,
y el sosiego
nos hace reposar
tras los cristales
de autobuses
o bajo el paraguas
de algún desconocido.
Morir para el que ya murió muchas veces,
no es un mérito.
Reir para el que lloró muchas veces,
es un acto heroico
sin aplauso ni medalla.
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