Las fantasías sexuales de Rupert Chesterton

Sí, una conducta sexual desviada
ha de ser asumida.
Buscar las razones,
la necesidad de un contínuo homenaje
a un cuerpo, sin importar demasiado
cómo ni dónde,
sin intentar justificarlo con formato amor,
cuando se trata de carencia de.
Tampoco se trataba de éso
pero muchos lo interpretaron así.
Las personas como animales de carga, bueyes amaestrados,
aceptan el juego de la polea
que mueve las manecillas del reloj,
y el tiempo pasa
como en la historia de nuestro personaje fundamental.

Todo ello unido a una personalidad narcisista
hacían de Rupert Chesterton,
el típico desatado que no puede mantener
ni siquiera una moderada conversación.

Las tendencias masoquistas de Rupert le llevaban
a tener escenas eróticas en sueños
con la bibliotecaria que le había tratado mal,
o con la jefa insoportable,
incluso con aquella mujer que conoció
en un bar
y se creía la reina de la ciudad.

En las fantasías sexuales de Rupert Chesterton
había dolor, dolor bizarro,
como en su aprendizaje de la infancia,
cuando Mamá era una ausencia incalculable
o el primo que lo cuidaba no tenía el día,
y le retorcía la mano
proyectando su historia de dolor cotidiano,
o el compañero no entendía sus asuntos
y le soltaba un mamporro
o el tío , con cargo de representante, se burlaba
creyendo que era una broma.

La cinta continuaba y un buen día,
haciendo limpieza y redecorando su habitación,
decidió lanzar por la ventana aquel cuadro de una ninfa
con fondo azul que le había acompañado
desde hace tantos años.

Era el certificado de tristeza del que debía despojarse.
La belleza azul de sus pechos,
no podría traer el líquido azul de un amanecer alegre.

Rupert se culpaba por tener fantasías sexuales
con femmes fatales, y ni siquiera éso,

pero se adhirió al instinto de vida
que sale de un círculo de dolor.

¿Qué eran acaso las fantasías sexuales de Rupert Chesterton
sino pequeños gritos en el desierto de la existencia?





Comentarios