Si Errejón lo consigue, habría que decir, chapeau Monsieur
porque no es tarea nada fácil
esa de doblegar el fierro
de la pseudoizquierda instalada
en el poder desde los albores del 78.
Gusta oirlo hablar de transformación y continuismo.
Y a pesar de no ser un experto como él
en la historia política de nuestro país,
de no conocer los entresijos
de nuestra sociología más actual,
debo disentir en tanto en cuanto
, España es un laberinto de cerrojos
en el que apenas hay esperanza
de una sociedad mejor.
Porque todo esté tan absolutamente podrido
que el cambio se antoja como una quimera
lenta
de la que se sale, escapando.
Por ello, por muchos grupos de influencia que se formen,
por muchas asambleas y grandes palabras que se digan,
el ser humano con toda su ambición y con toda su ansia de poder
corromperá
el fin del último de la acción cultural y evangelizadora,
porque el concepto de hegemonía y de supremacía
es más un concepto biológico
que racional.
Que defiendan banderas, no me importa.
Que defiendan grandes ideas, no me importa.
Porque las contradicciones
de apoyo a la OTAN, al euro,
porque la política light,
no me importa.
Porque cambiar la ruta de un boeing 747 en pleno océano atlántico
no es posible, al igual que cambiar los cálculos
de una franquicia del poder como el PSOE tan bien instalado
en nuestro patio maloliente, no me importa.
porque no es tarea nada fácil
esa de doblegar el fierro
de la pseudoizquierda instalada
en el poder desde los albores del 78.
Gusta oirlo hablar de transformación y continuismo.
Y a pesar de no ser un experto como él
en la historia política de nuestro país,
de no conocer los entresijos
de nuestra sociología más actual,
debo disentir en tanto en cuanto
, España es un laberinto de cerrojos
en el que apenas hay esperanza
de una sociedad mejor.
Porque todo esté tan absolutamente podrido
que el cambio se antoja como una quimera
lenta
de la que se sale, escapando.
Por ello, por muchos grupos de influencia que se formen,
por muchas asambleas y grandes palabras que se digan,
el ser humano con toda su ambición y con toda su ansia de poder
corromperá
el fin del último de la acción cultural y evangelizadora,
porque el concepto de hegemonía y de supremacía
es más un concepto biológico
que racional.
Que defiendan banderas, no me importa.
Que defiendan grandes ideas, no me importa.
Porque las contradicciones
de apoyo a la OTAN, al euro,
porque la política light,
no me importa.
Porque cambiar la ruta de un boeing 747 en pleno océano atlántico
no es posible, al igual que cambiar los cálculos
de una franquicia del poder como el PSOE tan bien instalado
en nuestro patio maloliente, no me importa.
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