Perspectiva de amor

mas su mitad de amor 
se negó a ser mitad 
y de pronto él sintió 
que sin ella sus brazos estaban tan vacíos 
que sin ella sus ojos no tenían qué mirar 
que sin ella su cuerpo de ningún modo era 
la otra copa del brindis 

Benedetti 

Was Romeo really a jerk? 
Kusturica and the non smoking orchestra 

Cuando Marcel cortaba una rosa de un jardín sin permiso 
o saltaba una verja para entrevistarse a solas 
con alguna mujer,
o cuando cruzaba un semáforo en rojo
en una avenida inmensa,
o cuando paseaba a solas 
por una playa desierta 
o hacía deporte 
en la mañana del primero de Enero 
era contemplado como un auténtico loco. 
Pero él le restaba importancia a esta idea 
que los demás tenían de él, 
porque como siempre decía 
es mejor estar un poco loco
y salirse 
del tono gris y repetitivo 
de la más absoluta mediocridad circundante
que ser un creyente de la religión del seguidismo. 

Cuando Juliette sacaba la calculadora 
en la oficina, apretaba el botón 
y salía en el rollo de papel 
el correspondiente cálculo contable 
todo parecía estar en orden. 
Abrazaba la cordura, el equilibrio, la armonía 
de una voz 
o la coherencia de un poema sinfónico. 
Nunca daba pasos en falso,
y cuando lo hacía se diría 
que se trataba de un acto en defensa propia. 
Pocos conocían realmente a Juliette 
y los que la conocían 
siempre decían que había justicia en sus actos,
que todo era equidad,
y su continua mirada crítica todo lo cuestionaba,
poniéndose siempre en el lugar 
del más necesitado, 
del que precisaba más ayuda 
en momentos críticos.

Marcel conoció a Juliette 
y su mundo cambió,
como cambia la arcilla 
desde su forma primera 
al ser trabajada por el alfarero. 

Sin embargo, Juliette se negó a ser la otra 
copa del brindis,
y se preguntó si Marcel era realmente 
era un loco idiota por atreverse 
a semejante majadería en torno al amor.
De todas formas, 
elaboró pequeñas vendettas 
para restituir la paz. 

Al tiempo, y sólo al tiempo,
comprendió 
que si ella no había sido,
y no sería,
entonces 
poco importaban la melodía 
triste del acordeón 
en un domingo lluvioso,
o comprar el periódico 
de mayor tirada 
para poder envenenarse con la
más candente actualidad reciente. 

En alguno de sus viajes,
Marcel le había preguntado:

Can you take me with you?

Pero dejando la connotación 
que implica un viaje de dos,
lo había hecho de la forma más inocente 
que secunda una certeza.

Aquel cuerpo y aquella mente (Juliette) parecían 
estar en un proceso de profunda disociación.

Pero la cordura y el consiguiente olvido,
lo pondrían otra vez todo, matemáticamente,
en su lugar. 

¿Dónde quedaron los sueños aplazados? 
Se preguntaba nuestro Romeo postmoderno 
en la mañana del domingo.

La luz que vió en sus ojos era solamente un reflejo
de su imagen en el espejo de Juliette. 



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