Los hijos no nos pertenecen

Los hijos no nos pertenecen
No son de nuestra propiedad
No tenemos derechos sobre ellos
Tan sólo el deber de cuidarlos, acompañarlos
en su crecimiento,
ser referente, guía, apoyo y fortaleza de amor.
Por éso,
no debemos enfadarnos
cuando no cumplen nuestras expectativas,
o contradicen nuestros dogmas,
(a estas alturas, deberíamos
haber desterrado la palabra dogma de nuestro vocabulario).
Dejémosles hacer pero recordémosles
que existen límites
pues éstos son necesarios y útiles para
su desarrollo.
Divertámonos con ellos y con ellas,
hágamosle un canto a la mañana o a la tarde,
y celebremos cada dibujo, cada cuento escrito
con faltas de ortografía.
Decoremos su habitación
con las cosas que les gusten.
Cocinemos, inventemos, y sobretodo ríamos.
Dediquémosle a la fantasía y al azar el lugar que se merecen.

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