Bajo el cielo abierto y equivocado
yo camino con una duda
- que como decía Krahe
es mejor que caminar con un mal axioma -
pues será que la existencia
de los dioses que lo albergan
no contribuye
al discurso de las horas
y he de inventar
otro rumbo:
¿Por qué hacer siempre lo mismo?
¿Por qué en la escuela del dolor
hemos de vivir hacinados
como reses de ganadería?
Cuando mi madre se apagaba
tras una corta y fulminante enfermedad,
como la vela que se consume
en un candil,
yo construía un sistema
y ese sistema llevaba una inercia
y esa inercia de dolor
me hacía consumirme
pues
el autoimpuesto sacrificio
me desgastaba hasta la saciedad.
La cuidé. Sí, la cuidé
pero no merezco medallas por ello,
ni reconocimientos,
ni el más mínimo de los aplausos.
Como un hijo
que hacía todo lo que estaba en
su mano,
defendí sus banderas,
me apropié de sus batallas,
y lo más triste es que no podía cambiar
el rumbo de un barco
que irrevocablemente
iba hacia el acantilado del tiempo
a convertirse en vacío,
singularidad en el cosmos.
Pero ahora esa inercia de dolor
autoimpuesta debe ser modificada.
Cambiando la ruta
para no ceñirme al oficio del dolor
sino al de la dicha,
a la gozosa labor
que edifica, que construye
dejando atrás
este trabajo antíguo de
ser un mercenario de la vida
un actor cansado de interpretar un papel,
pues ahora
este actor
dice BASTA y se quita la máscara
dejando traslucir
los cortes en la cara
producidos por años
en los que los días cortaban como navajas.
Sotto il cielo scoperto e sbagliato,
ho recuperato la mia libertà,
la mia gioia.
yo camino con una duda
- que como decía Krahe
es mejor que caminar con un mal axioma -
pues será que la existencia
de los dioses que lo albergan
no contribuye
al discurso de las horas
y he de inventar
otro rumbo:
¿Por qué hacer siempre lo mismo?
¿Por qué en la escuela del dolor
hemos de vivir hacinados
como reses de ganadería?
Cuando mi madre se apagaba
tras una corta y fulminante enfermedad,
como la vela que se consume
en un candil,
yo construía un sistema
y ese sistema llevaba una inercia
y esa inercia de dolor
me hacía consumirme
pues
el autoimpuesto sacrificio
me desgastaba hasta la saciedad.
La cuidé. Sí, la cuidé
pero no merezco medallas por ello,
ni reconocimientos,
ni el más mínimo de los aplausos.
Como un hijo
que hacía todo lo que estaba en
su mano,
defendí sus banderas,
me apropié de sus batallas,
y lo más triste es que no podía cambiar
el rumbo de un barco
que irrevocablemente
iba hacia el acantilado del tiempo
a convertirse en vacío,
singularidad en el cosmos.
Pero ahora esa inercia de dolor
autoimpuesta debe ser modificada.
Cambiando la ruta
para no ceñirme al oficio del dolor
sino al de la dicha,
a la gozosa labor
que edifica, que construye
dejando atrás
este trabajo antíguo de
ser un mercenario de la vida
un actor cansado de interpretar un papel,
pues ahora
este actor
dice BASTA y se quita la máscara
dejando traslucir
los cortes en la cara
producidos por años
en los que los días cortaban como navajas.
Sotto il cielo scoperto e sbagliato,
ho recuperato la mia libertà,
la mia gioia.
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