Uno creería que, tras un
artista callejero,
todos son vivas y hurras,
que todo su viento es
altruista y generoso,
que toda su forma de hacer es
rica en estímulos,
que se trata de un protohombre
o de un héroe cotidiano,
pero tengo un conocido que es así,
que se viste con un traje de globos,
y se hace llamar el hombre-globo,
que actúa en el retiro
en las tardes en la que los viandantes
desgastados
por el intenso calor del verano,
rinden homenaje
al atardecer.
Hay que reconocer que el tipo
le pone empeño,
que el Nessun dorma de Pavarotti mezclado con el himno de la Unión Soviética
bailado con niños y terminado con el remate del venceré
resulta cuando menos irreverente,
y que se trata de una curiosa aportación a la cultura
espontánea de la improvisación.
Pero en privado, el sujeto es un egocéntrico
que trae un fotógrafo para dejar constancia
de cada mínimo gesto,
un narcisista, que sólo desea
que el mundo lo contemple,
un excéntrico,
un poeta,
una persona que cuando habla con extraños por la calle,
cree hacer negocios,
un alma desbocada,
un kamikaze,
un ser desahuciado.
Molesta escucharlo hablar
con ese tono sobre los niños
como seres netamente arrítmicos,
con ese desapego,
cuando ellos son los depositarios de su arte.
Después de más de una tarde con él,
creo haber visto suficiente.
He de sentir compasión por este pobre diablo.
Porque he llegado a sentir lástima y hasta un oscuro rechazo
por su clara mezquindad.
En la anatomía de un artista callejero,
está la moral del superviviente,
o la de un ser acostumbrado
a golpear con sus huesos el duro asfalto.
Chau camarada. Que la vida te sea leve.
artista callejero,
todos son vivas y hurras,
que todo su viento es
altruista y generoso,
que toda su forma de hacer es
rica en estímulos,
que se trata de un protohombre
o de un héroe cotidiano,
pero tengo un conocido que es así,
que se viste con un traje de globos,
y se hace llamar el hombre-globo,
que actúa en el retiro
en las tardes en la que los viandantes
desgastados
por el intenso calor del verano,
rinden homenaje
al atardecer.
Hay que reconocer que el tipo
le pone empeño,
que el Nessun dorma de Pavarotti mezclado con el himno de la Unión Soviética
bailado con niños y terminado con el remate del venceré
resulta cuando menos irreverente,
y que se trata de una curiosa aportación a la cultura
espontánea de la improvisación.
Pero en privado, el sujeto es un egocéntrico
que trae un fotógrafo para dejar constancia
de cada mínimo gesto,
un narcisista, que sólo desea
que el mundo lo contemple,
un excéntrico,
un poeta,
una persona que cuando habla con extraños por la calle,
cree hacer negocios,
un alma desbocada,
un kamikaze,
un ser desahuciado.
Molesta escucharlo hablar
con ese tono sobre los niños
como seres netamente arrítmicos,
con ese desapego,
cuando ellos son los depositarios de su arte.
Después de más de una tarde con él,
creo haber visto suficiente.
He de sentir compasión por este pobre diablo.
Porque he llegado a sentir lástima y hasta un oscuro rechazo
por su clara mezquindad.
En la anatomía de un artista callejero,
está la moral del superviviente,
o la de un ser acostumbrado
a golpear con sus huesos el duro asfalto.
Chau camarada. Que la vida te sea leve.
Comentarios
Publicar un comentario