Casi ninguna idea es propia,
pues todo está inventado
y esta tampoco es mía,
es extraída de algunos pedagogos italianos
pero merece la pena
transplantarla
a la forma de vida de uno,
a la manera en que se afronta
la educación de los hijos,
a la vida en una sociedad democrática.
Parece necesario quitarnos
el corsé de la norma,
salirnos del esquema que sirvió
durante un periodo,
para llevar a cabo toda una serie de transformaciones.
Y... usted lector/lectora se plantea : ¿Y por qué?
Porque hacemos análisis de la realidad que nos rodea.
Las viejas fórmulas no resuelven la ecuación del presente.
Decorar una habitación
de una forma distinta,
para que entre la luz.
Deleitarnos
con la seducción que propone la estética.
Dejarnos llevar por la imaginación.
Volver a lo auténtico.
Revisar la programación
de nuestros mayores.
Reirnos de las insufribles normas
por absurdas.
Ver qué hay de ello en nuestro interior. Deshechar
lo que cohiba y no aporta.
Preservar lo que haya de bueno en cuanto a su valor.
En definitiva, salirnos del esquema,
colocarnos fuera del círculo
que construye el dogma,
saltar por encima del tabú,
desatrancar todos los cerrojos
del castillo
de nuestra conciencia
domesticada.
Caminar hacia la libertad con ojos nuevos.
pues todo está inventado
y esta tampoco es mía,
es extraída de algunos pedagogos italianos
pero merece la pena
transplantarla
a la forma de vida de uno,
a la manera en que se afronta
la educación de los hijos,
a la vida en una sociedad democrática.
Parece necesario quitarnos
el corsé de la norma,
salirnos del esquema que sirvió
durante un periodo,
para llevar a cabo toda una serie de transformaciones.
Y... usted lector/lectora se plantea : ¿Y por qué?
Porque hacemos análisis de la realidad que nos rodea.
Las viejas fórmulas no resuelven la ecuación del presente.
Decorar una habitación
de una forma distinta,
para que entre la luz.
Deleitarnos
con la seducción que propone la estética.
Dejarnos llevar por la imaginación.
Volver a lo auténtico.
Revisar la programación
de nuestros mayores.
Reirnos de las insufribles normas
por absurdas.
Ver qué hay de ello en nuestro interior. Deshechar
lo que cohiba y no aporta.
Preservar lo que haya de bueno en cuanto a su valor.
En definitiva, salirnos del esquema,
colocarnos fuera del círculo
que construye el dogma,
saltar por encima del tabú,
desatrancar todos los cerrojos
del castillo
de nuestra conciencia
domesticada.
Caminar hacia la libertad con ojos nuevos.
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