En los momentos difíciles es importante apostar por el futuro en cómodos o incómodos plazos. Porque el futuro no será de los indiferentes.
Alguien dice tu nombre, Luis Garcia Montero
Dueña por primera vez de su destino descubrió entonces que el odio y el amor son pasiones recíprocas.
Gabriel García Márquez
Al parecer, el sucinto gladiador que se presentaba ante ellos
asemejándose a un intento de super-hombre mezcla de John Wayne,
Albert Einstein y la versión misógina de Pablo Neruda.
Con claros indicios de un chauvinismo machista,
un narcisismo de absoluto cretino y
un obstinado comportamiento
que invitaba a pensar en que bramaba,
como ciervo que quería liderar una colectividad.
Había mucho que aprender y así los profesores
de humildad procedieron.
Cuando un mundo está a punto de extinguirse,
intenta realizar su último acto,
morir matando.
Desde luego, el error táctico fué, en el caso
de nuestro gladiador, protohombre
(a mí me gusta llamarlo, il corsario nero, como en las novelas de Salgari)
el trabar relación con una mujer "casada".
"Casada" desde el punto de la libre interpretación
que en nuestro mundo "moderno" significa el matrimonio.
Matrimonio como puerto seguro donde regresar.
Unidad de ahorro, y de inversión segura,
en cómodos plazos de felicidad, según Pablo Guerrero.
Un 3% de satisfacción. Infraestructura. Eficacia. Previsión.
¡Esto es insano! Decían los gestores.
Para librarse de nuestro corsario negro,
inventaron toda una estrategia.
Primero, separar los miembros de la ecuación (coeficientes e incógnitas).
Segundo, despejar la incógnita y resolver.
Lo que ocurre es que hay ecuaciones que tienen tantas soluciones
que es difícil ceñirse solo a una.
Para castigar a nuestro corsario negro,
lo redujeron a la mínima expresión,
pero esta alma resiliente
se resistía a abandonar los objetivos.
Aplicaban el mismo método,
espaciándolo en el tiempo,
como una descarga eléctrica.
Llegó a "amarlos" y también a odiarlos.
El amor y el odio están tan cerca, que se pueden albergar secuencialmente.
A ella le reservaba el amor que entregaba a su madre incansablemente,
sin a veces encontrar una respuesta.
A él le guardaba el odio que le tenía a su padre, ése que "nunca los había amado".
Pero el programa en espiral salió del bucle,
en la línea en que el mecanismo de proyección identificaba
a aquel matrimonio con las figuras de padre y madre.
¡Ellos no eran su familia!
Y todo el daño que le habían hecho.
Y todo el daño que les había hecho.
Ellos no merecían ni un minuto más de tiempo
ni de atención.
No merecían más que el olvido.
Porque no le habían dado más que problemas.
El corsario negro había crecido. Y había aprendido
a asumir sus mecanismos internos.
¡No hay tiempo que perder! La vida espera.
Alguien dice tu nombre, Luis Garcia Montero
Dueña por primera vez de su destino descubrió entonces que el odio y el amor son pasiones recíprocas.
Gabriel García Márquez
Al parecer, el sucinto gladiador que se presentaba ante ellos
asemejándose a un intento de super-hombre mezcla de John Wayne,
Albert Einstein y la versión misógina de Pablo Neruda.
Con claros indicios de un chauvinismo machista,
un narcisismo de absoluto cretino y
un obstinado comportamiento
que invitaba a pensar en que bramaba,
como ciervo que quería liderar una colectividad.
Había mucho que aprender y así los profesores
de humildad procedieron.
Cuando un mundo está a punto de extinguirse,
intenta realizar su último acto,
morir matando.
Desde luego, el error táctico fué, en el caso
de nuestro gladiador, protohombre
(a mí me gusta llamarlo, il corsario nero, como en las novelas de Salgari)
el trabar relación con una mujer "casada".
"Casada" desde el punto de la libre interpretación
que en nuestro mundo "moderno" significa el matrimonio.
Matrimonio como puerto seguro donde regresar.
Unidad de ahorro, y de inversión segura,
en cómodos plazos de felicidad, según Pablo Guerrero.
Un 3% de satisfacción. Infraestructura. Eficacia. Previsión.
¡Esto es insano! Decían los gestores.
Para librarse de nuestro corsario negro,
inventaron toda una estrategia.
Primero, separar los miembros de la ecuación (coeficientes e incógnitas).
Segundo, despejar la incógnita y resolver.
Lo que ocurre es que hay ecuaciones que tienen tantas soluciones
que es difícil ceñirse solo a una.
Para castigar a nuestro corsario negro,
lo redujeron a la mínima expresión,
pero esta alma resiliente
se resistía a abandonar los objetivos.
Aplicaban el mismo método,
espaciándolo en el tiempo,
como una descarga eléctrica.
Llegó a "amarlos" y también a odiarlos.
El amor y el odio están tan cerca, que se pueden albergar secuencialmente.
A ella le reservaba el amor que entregaba a su madre incansablemente,
sin a veces encontrar una respuesta.
A él le guardaba el odio que le tenía a su padre, ése que "nunca los había amado".
Pero el programa en espiral salió del bucle,
en la línea en que el mecanismo de proyección identificaba
a aquel matrimonio con las figuras de padre y madre.
¡Ellos no eran su familia!
Y todo el daño que le habían hecho.
Y todo el daño que les había hecho.
Ellos no merecían ni un minuto más de tiempo
ni de atención.
No merecían más que el olvido.
Porque no le habían dado más que problemas.
El corsario negro había crecido. Y había aprendido
a asumir sus mecanismos internos.
¡No hay tiempo que perder! La vida espera.
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