Carta abierta a Ricardo


Querido Ricardo:

Tienes toda la razón : No soy profesor ni siquiera un pedagogo. Y no soy profesor y tampoco un pedagogo porque profesor no tiene que ver con el qué sé es sino en el cómo uno es. Aunque sea mi segundo oficio, en el que he invertido mucho tiempo durante este último año, me considero más un guía de un viaje experimental que un antíguo procer de tan noble tarea. Porque uno aprende más cuanto más prueba y experimenta sobre algo y el guía sólo debe ser un constructor de ventanas por las que mirar.
 

Cuando trabajamos con conceptos abstractos, podemos seguir varias líneas: Una de ellas versa sobre ceñirse al guión de lo establecido por la pura educación formal, con sus gruesos temarios, divididos por capítulos que persiguen una cierta coherencia teórica pero que están diseñados ya no tanto para su completa comprensión como para la satisfacción en cuanto al rigor academicista.

En dicho camino, nos encontraremos con docentes que presumirán de los elevados conceptos abstractos “adquiridos” por sus educandos, y habrá que edificar para esos protohombres y protomujeres diferentes monumentos a la puerta de los centros de educación primaria y secundaria.

Otra sin embargo, parte de explorar sobre lo conocido. ¿Qué sabemos de cierto asunto? ¿Qué situaciones de la vida cotidiana tienen que ver con esta nueva herramienta? ¿Qué podemos articular con lo que hasta ahora conocemos? Y tener tiempo para jugar con ello, para jugar siguiendo las normas involucradas dentro del propio juego, y probar, y equivocarnos, y entrar en la siguiente habitación donde como en la anterior tampoco habrá luz.

Hasta hacernos expertos en el juego.

Ello permitirá que aprendamos en equipo, que hagamos del disfrute por la nueva tarea algo necesario sin olvidar que existen reglas que todos y todas asumimos desde el respeto a los demás, a las diferentes maneras de pensar y de sentir.

Me preguntas por mi curriculum. Ya sé que no es una enumeración de años dedicados a la enseñanza en centros reglados pero nunca he dejado de dedicarme a ella. No es un conjunto de títulos que colocar sobre una pared. He trabajado en la tercera división de los docentes, en las humildes academias, que intentan más que demostrar que no somos nobel de la física o medalla fields de las matemáticas sino personas que guían y que ayudan a recomponer las almas que la educación formal se encarga de seguir sin entender.

Me he dedicado a fomentar la animación a la lectura en las bibliotecas de los barrios cercanos, en el colegio de los chicos, con mayor o menor fortuna, hemos sacado risas de gentes a las que no les solían leer ni un cuento.

Sigo con la ilusión de que la infancia sonría y que la juventud sea sana y se aleje del grado de contaminación que los adultos proponen, porque desactivándola jamás serán motor de una sociedad mejor, más humana y más justa.

Querido Ricardo: Ya sé que no soy profesor ni pedagogo, y entiendo tu crítica constructiva, aunque también me haya dedicado a la educación de adultos…

Porque profesor no tiene que ver con qué se es, ni en qué se cuenta, sino en cómo se es, en cómo se cuenta lo que se ha de contar.

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