Al este de la civilización

Al este de la civilización,
aparece la comarca del Henares,
con sus asentamientos y poblados
de gitanos,
polígonos industriales,
macilento río Jarama,
contaminado por grandes empresas,
y aves acuáticas que nadan
sorteando detergentes,
y resíduos tóxicos de fábricas cercanas.
Uno puede darse una vuelta
y ver cómo existen
policías enviados por políticos que desalojan
a gitanos,
bares donde paran transportistas,
conductores de autobús
que escupen cuando te montas.
En todos estos casos, el paisaje humano es prosaico:
Trabajadoras del servicio doméstico.
Obreros y Obreras varias.
Y también, gentes de bien,
que bendicen
a las excavadoras que tiran
estas chabolas,
centros de la inmundicia
según dicen,
de estos lugares de extrarradio,
fincas, terrenos baldíos y de nadie,
que los ayuntamientos
descuidan y en los que no tienen interés
alguno en que se edifique una vida
digna al margen de lo establecido.
Se puede andar por caminos rodeados de laberintos de carreteras.
Existe el Desierto,
más allá de los secarrales donde Iberia, Air bus, Pegaso tienen sus palacios
y sus fincas enrejadas.
Es entonces cuando
la geometría
de este polígono que existe
entre basuras y escombros
hace que sus aristas sean ásperas.
Fotografías de casas
llenas de escombros.
Enseres personales, colchones y trozos de vida
por el suelo.
La sintética sociedad homicida
ya tiene sus víctimas propiciatorias
para saltar
sobre sus cadáveres.
Una ciudad fantasma, no existe y emerge de
su decrepitud
,
renaciendo.


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