¿Por qué nos encontramos a graciosos en clase?

El origen de un gracioso en la clase matinal
puede tener muchos preceptos.
O bien tiene una vida un poco insulsa,
en casa no es comprendido,
no es amado,
y busca el afecto en las risas de los otros,
se siente distinto
y quiere ser aceptado,
rodeado de compañeros y compañeras
se crece,
y, por eso, hace bromas cuando no vienen a cuento,
interrumpe recursivamente
el flujo normal de la clase,

o bien solamente busca llamar su atención
para que abriendo las alas como un pavo real,
las muchachas se le acerquen en bandada
para poder entretenerse en los viajes de ida y vuelta.

Pero esta visión es demasiado impersonal.
Si el gracioso de la clase se llama Carlitos,
nos acercaremos a él
e intentaremos
comprender qué le ocurre,
por qué se muestra así.

Los partes y las broncas de los tutores no le servirán.
Las llamadas telefónicas a su casa tampoco servirán.

Carlitos debe ser comprendido y liberado de la pesada carga
que acarrea.

Sólo así le recuperaremos y habremos
conseguido reinsertarlo en el flujo cotidiano.

No quedará relegado.

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