Pedro Pablo, conserje en Moratalaz

Cuando Madrid tiende hacia el sur
indefinidamente,
Moratalaz se abre con sus amplias avenidas
y sus edificios como cajas de cartón macilento.
Sus arboledas quedan respaldadas
por el inane esfuerzo
del reloj con péndulo
haciendo tic, tac.

En esos instantes cuando la tarde
termina,
la gente corriente hace vida en los bares,
y allí se cierran los acuerdos,
los niños y las niñas crecen entre los tintos
de verano de sus mayores
y la cena tiene forma de ración
o tapa compartida con los vecinos del bloque.

Sobre esa hora, Pedro Pablo, termina su jornada.
En la portería donde desarrolla su pulido oficio,
recoge su enseres personales
y sube hasta el séptimo piso
donde le espera Lucrecia, su compañera
de siempre,
con el plato de alubias reglamentario.

Sin embargo,
tras el gris metal de la realidad,
Pedro Pablo mantiene algunos afanes.
Se ha apuntado
a un cursillo de informática básica
que un profesor muy majo venido de más al Sur todavía
de Moratalaz,
ha venido a darle a casa.

La alfabetización digital, no es más que una consecuencia
de la propia alfabetización elemental.
Sin la elemental no podemos afrontar la segunda.
Se muestra nervioso frente a un ordenador
último modelo
comprado en un centro comercial
conocido,
porque la sociedad ha construído
el modelo de que cada vivienda
necesita internet,
y conocimientos tecnológicos avanzados.


Pero el proceso es simple,
recurrimos a la tecnología para
hacernos la vida más fácil,
y no para volver a la tortura
de los años de la funesta escuela nacional católica,
de maestros y maestras martilleantes
que nos recordaban lo poco que sabíamos
y lo torpes que éramos.

Por tanto, la labor
del profesor estriba en intentar hacerle ver
que todo fluye e intentar restaurar
el universo emocional de Pedro Pablo
como si se tratara de un cuadro antíguo
encontrado en una iglesia renacentista en ruínas.

La historia de nuestro protagonista
no debe ser olvidada:

Con un padre recién muerto,
empezó a trabajar joven, con quince años,
aprendiendo las letras básicas y los números elementales.

Su vida es la del trabajo
y la de su sociedad de cazadores
en la que Castilla ejerce su
rigor entre las jaras
de la pólvora y el acecho,
en un claro homenaje a Delibes.

Pedro Pablo, conserje en Moratalaz,
subproducto del sistema capitalista,
quiere aprender informática,
pero antes de ésto hay que hacer
un trabajo de reconstrucción emocional.


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