Una madre caminaba con su mochila de emociones por una calle cualquiera de Madrid al mando de un grupo de niños a los que recordaba que no tenían claro hasta dónde tenían que andar.
"No, ése no es el garaje de casa de los abuelos".
No conocían la distancia, dictaminaba nuestra cansada y luchadora héroe.
Aun comprendiendo su enfado, su tristeza, su malestar, descargaba todo este vendaval en forma de tormenta contra el fruto de su vientre.
Esta frase me hizo reflexionar y es que cuando programamos una asignatura o coleccionamos contenidos en la escuela o el instituto para después verterlos en los cerebros en formación, no tenemos muy claro si ellos y ellas (los alumnos y las alumnas) conocen hasta donde vamos a llegar. Porque se trata de que sean los constructores del camino, que ellos y ellas dirijan su itinerario guiados por el deleite por aprender y por la belleza del paisaje.
¡Sólo así podrán alcanzar sus metas y emanciparse de este sistema que los cohibe y los conduce a ser meros reproductores de información!
"No, ése no es el garaje de casa de los abuelos".
No conocían la distancia, dictaminaba nuestra cansada y luchadora héroe.
Aun comprendiendo su enfado, su tristeza, su malestar, descargaba todo este vendaval en forma de tormenta contra el fruto de su vientre.
Esta frase me hizo reflexionar y es que cuando programamos una asignatura o coleccionamos contenidos en la escuela o el instituto para después verterlos en los cerebros en formación, no tenemos muy claro si ellos y ellas (los alumnos y las alumnas) conocen hasta donde vamos a llegar. Porque se trata de que sean los constructores del camino, que ellos y ellas dirijan su itinerario guiados por el deleite por aprender y por la belleza del paisaje.
¡Sólo así podrán alcanzar sus metas y emanciparse de este sistema que los cohibe y los conduce a ser meros reproductores de información!
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