El verdadero héroe es héroe por error. Sueña con ser un cobarde honesto como todo el mundo
Umberto Eco
A vueltas contigo, Liebe :
Ya sé la forma que tienes de afrontar
el error y no es muy diferente a la mía:
Hay que extraer del error la enseñanza,
limpiar la herida, desinfectarla
y dejar que cicatrice sin hacer sangre durante un tiempo.
No hay que mencionar lugares, ni siquiera nombres propios
y hay que asumir lentamente
invocando a la fertilidad del error
de la que tanto nos hablaba Umberto Eco.
Porque de cada catástrofe, surge un mundo nuevo,
que nos completa, nos amplifica,
nos hace un poquito más grandes,
sin perder la distancia con el fierro firme
de la cruda realidad.
Hablar de tí, hablar de mí,
beneficia.
Porque la marea interior se desvanece
y la tormenta aminora,
porque el bello verano del que nos hablaba Pavese,
es algo más que un paso a la edad adulta.
La fruta madura lentamente
en las ramas del árbol.
Y tú no eres diferente
a la que conocí.
Tal vez seas diferente a la mujer que soñé que eras
porque en tal caso, estás fuera de contexto.
Madrid no es Granada
pero tiene sus veredas del desaliento
y el aroma a primavera cerca de un río,
nos conduce al contacto
con la sagrada religión del agua.
Si algún día vienes.
Matizo: Si el cálculo numérico preciso,
induce a que vengas,
viajaremos a la ciudad que quieras,
en la que seguro que habrá un río, y nos dedicaremos
a escuchar silenciosamente
el vasto rumor del agua.
No eres la única abanderada contra la pobreza infantil,
hiciste tuyas mis premisas.
Yo seguiré peleando por mis niños y tú harás lo propio por la tuya.
Ahora déjame decirte que partes con ventaja.
Siempre lo hiciste.
¿Qué te debo? ¿Qué me debes? Nada.
Por eso, esperarte con los brazos abiertos como la primera vez,
sea entregarse y batirse en retirada,
quizá te espere con una sonrisa irónica
que no contenga la inocencia de otra época.
Umberto Eco
A vueltas contigo, Liebe :
Ya sé la forma que tienes de afrontar
el error y no es muy diferente a la mía:
Hay que extraer del error la enseñanza,
limpiar la herida, desinfectarla
y dejar que cicatrice sin hacer sangre durante un tiempo.
No hay que mencionar lugares, ni siquiera nombres propios
y hay que asumir lentamente
invocando a la fertilidad del error
de la que tanto nos hablaba Umberto Eco.
Porque de cada catástrofe, surge un mundo nuevo,
que nos completa, nos amplifica,
nos hace un poquito más grandes,
sin perder la distancia con el fierro firme
de la cruda realidad.
Hablar de tí, hablar de mí,
beneficia.
Porque la marea interior se desvanece
y la tormenta aminora,
porque el bello verano del que nos hablaba Pavese,
es algo más que un paso a la edad adulta.
La fruta madura lentamente
en las ramas del árbol.
Y tú no eres diferente
a la que conocí.
Tal vez seas diferente a la mujer que soñé que eras
porque en tal caso, estás fuera de contexto.
Madrid no es Granada
pero tiene sus veredas del desaliento
y el aroma a primavera cerca de un río,
nos conduce al contacto
con la sagrada religión del agua.
Si algún día vienes.
Matizo: Si el cálculo numérico preciso,
induce a que vengas,
viajaremos a la ciudad que quieras,
en la que seguro que habrá un río, y nos dedicaremos
a escuchar silenciosamente
el vasto rumor del agua.
No eres la única abanderada contra la pobreza infantil,
hiciste tuyas mis premisas.
Yo seguiré peleando por mis niños y tú harás lo propio por la tuya.
Ahora déjame decirte que partes con ventaja.
Siempre lo hiciste.
¿Qué te debo? ¿Qué me debes? Nada.
Por eso, esperarte con los brazos abiertos como la primera vez,
sea entregarse y batirse en retirada,
quizá te espere con una sonrisa irónica
que no contenga la inocencia de otra época.
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