El tiempo que nos ocupa

El tiempo que nos ocupa
no es mejor ni peor que el anterior,
es tan sólo diferente
y de nosotros depende
el sacarle partido.

El tiempo que nos ocupa
nos trae el nombre de lugares conocidos.
Una calle, una plaza, un día, un mes, una presencia,
una ciudad como Granada.

Y no importa qué calle, qué plaza, qué día, qué mes, qué presencia,
pero sí me incumbe que sea Granada.

Nuestra Granada, y digo nuestra
porque escribir mía es encontrar el peor
de los artículos posesivos.
Ése que distingue a un tesoro y lo aparta sólo para él
con el egoísmo propio
de un cazador de recompensas.

En el salvaje oeste de una sospecha,
también existen los forajidos,
que se resisten
a ser atrapados, maniatados y perseguidos.

En la retrospectiva, la mar está en calma,
Granada es una ciudad sin mar,
pero no sin horizonte.
La Vega proyecta
versos de Federico,
tras las primeras neblinas del alba.

Se puede vivir lejos de ella,
pero no se puede dejarla de amar.

Por éllo, y por todo éllo, otro nombre de ciudad,
Madrid, nos invita a resolver sus rompecabezas,
en laberintos científicos.

A darle vueltas al cubo de Rubik
que apenas aparenta tener solución
y a vivir
en módicos plazos
de tedio,
tras largos cursos
de castellanía insobornable.

Gracias por todo Madrid.

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