Un autobús de turistas españoles arriba a la plaza de toros de las Ventas en una mañana en la que la brisa de Mayo traslada los aromas al aire, y Madrid sostiene esa mirada de persona resabiada que vió de cerca más de una vez un mismo paisaje humano, mezcla de fantasmagoría, compasión y ciega cautela. Agrupados con las amistades de casi siempre siguen al guía. Las banderas rojigualdas ondean en tamaño coliseo, símbolo de la sempiterna España. El conductor, es un hombre de mediana edad, curtido en la narración de historias estériles y, tirando de oficio, carraspea y empieza a hablar sobre las estatuas que rodean la plaza. Es ameno, pero su temática es la crónica de las sensacionalistas revistas del corazón. "Aquí está la estatua de Luis Miguel Dominguín", anuncia con la soflama con la que pronuncian discursos los dictadores de película. "Es el padre de Miguel Bose, casado con Lucia Bose, y amante de Ava Gardner, la actriz de Hollywood. Próximamente, les enseñaré el hotel en el que el torero y la actriz tuvieron sus encuentros. " Por allí cerca camina un tal Juan Martínez, profesor de matemáticas de Granada, residente en Madrid, amante de la literatura y del cine de todos los tiempos.No un gran experto en tales asuntos, pero ante todo un caballero serio y respetuoso con un gran sentido del humor. Con alguna década de castellanía aprendida, no puede todavía comprender qué mecanismo habrá de ser mejorado... Juan se queda mirando al guía estupefacto. ¡No puede creer que esta caricatura de coliseo romano sirva para anunciar semejantes cosas! La España cañí anuncia sus suspiros a ritmo de pasodoble, mientras la lógica del asunto raya lo absurdo. Es más, con toda la historia que confirma Madrid en sus crónicas y que... ¡el asunto amoroso de Dominguín sea parte del decorado cinematográfico!
El momento entonces es propenso para hablar de los grandes asuntos, mientras en el grupo, se escuchan los murmullos. Alguien dice: ¡Parece una crónica de papel couche!
Juan se muere de la risa. ¡Faltaría solo que les enseñara en la próxima visita el lecho donde yacieran Ava y Luis Miguel!
Así es nuestra tierra de folclore difuso. Un lugar donde la cultura está desprestigiada y se tributa a los monarcas de la fiesta nacional, prohombres de la funesta Patria.
El momento entonces es propenso para hablar de los grandes asuntos, mientras en el grupo, se escuchan los murmullos. Alguien dice: ¡Parece una crónica de papel couche!
Juan se muere de la risa. ¡Faltaría solo que les enseñara en la próxima visita el lecho donde yacieran Ava y Luis Miguel!
Así es nuestra tierra de folclore difuso. Un lugar donde la cultura está desprestigiada y se tributa a los monarcas de la fiesta nacional, prohombres de la funesta Patria.
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