La construcción del consenso

Ellos conocen bien el cómo.

A los demás nos toca aceptar el proceso.

Y hay que valorar que no es un plato de buen gusto

para nadie tener que revisar los errores

(que el torturador señala con su dedo índice,
llámese fundamentalmente superego)

pero es saludable.

Porque todos y todas los cometemos,

pero podemos hacer del error

un punto de partida,
un trampolín para saltar más alto si cabe.

Dejemos que otros y otras colaboren,
que hagan de relevo
en esta intensa carrera por la vida
y la felicidad de todos y todas.

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